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ABC

Articulo 1

UNA EMPRESA RECLAMA 500 MILLONES AL AYUNTAMIENTO, QUE NIEGA LA DEUDA.

Madrid. Ep, S.L.

 

La concentración ayer de 20 cobradores, vestidos de monjes, delante del Ayuntamiento, al que reclamaban 500 millones en nombre de limpiezas Xendra fue contestada por el edil de Hacienda, quien manifestó que ‘es esta empresa la deudora de la Casa de la Villa’

Veinte cobradores vestidos de monjes, pertenecientes al «Monasterio del Cobro», protagoniza7 ron a las nueve de la mañana un acto de protesta en la Plaza de la Villa para exigir al Ayuntamiento 500 millones que reclama el propietario de la empresa Limpiezas Xendra, adjudicataria del Consistorio hasta 1998. El propietario de la empresa asegura que quebró porque el Ayuntamiento no liquidaba sus deudas a tiempo. Los monjes estuvieron en la plaza 24 horas, hasta las 9.00 horas de hoy, con dos grandes pancartas, sujetadas por turnos, que rezaban: «No venimos a pedir, venimos a cobrar. El Monasterio del Cobro , y Limpiezas Xendra, 300 familias arruinadas, ¿dónde está el dinero?».

Por su parte, el concejal de Hacienda del Ayuntamiento, Pedro Bujidos, manifestó ayer que «es la empresa Xendra la deudora del Ayuntamiento, ya que nosotros hemos tenido que hacer efectivas cantidades superiores a las que realmente debíamos. En consecuencia existe todavía un saldo favorable al Ayuntamiento, por parte de esta empresa, después de la liquidación definitiva».

El edil añadió que «Limpiezas Xendra, en su momento, tenía un saldo a favor de unos ochenta millones, pero la Seguridad Social ordenó su retención para hacer frente a los débitos a la Seguridad Social por los trabajadores, de los que el Ayuntamiento es responsable subsidiario».

Articulo 2

ABC Madrid 12/09/1997

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Jueves 1 de Agosto de 1996

LAS SANDALIAS DEL PESCADOR

(Escenas políticas)
Jaime CAMPMANY

Una empresa dedicada a la persecución de morosos obstinados y cobros difíciles ha sustituido el famoso «cobrador del frac» por el «cobrador del hábito». El arte o la maña de cobrar deudas que se presentan como incobrables ha cambiado de indumentaria y ha abandonado el frac para vestirse el sayal. Se trata del camino inverso que han recorrido los gerifaltes de nuestros socialistas. Que en horas veinticuatro pasaron desde la pana a los faldones, del despechugamiento y el sincorbatismo a la etiqueta de corbata blanca. Felipe González se quitaba el frac de la cena de gala, pechera almidonada y el chaleco ribeteado, para vestirse a toda prisa la camisa vaquera y los pantalones tejanos, cazadora en invierno e irse al mitin a cantar lo de («arriba parias, de la tierra, en pie famélica legión». Aquí, en este pedregal de la paradoja, alguien, no se, Miguel Narros, Adolfo Marsillach, José Luis Gómez, un director teatral de confianza, vamos, tendría que montar una opereta política con un coro de feroces revolucionarios que salieran a cantar «La Internacional»,. todos vestidos con los fraques de Felipe.

Sacarle dinero a un moroso recalcitrante es tan difícil y laborioso como sacar leche de una alcuza. Utilizar frailes para sacar perras a los que tienen blindada la faltriquera es expediente del que siempre se ha socorrido la Santa Madre. Algunos Jesuitas utilizaban el sistema del clavo para el bonete. Algunos confesores acudían al lecho de los ricos que quieren comprar una butaca cómoda en el anfiteatro de la gloria, y llegaban a tiempo de recomendarles el testamento piadoso. Y por lo general, el fraile, sayal y sandalias, salía a buscar y a mendigar por los caminos del Señor, y jamás volvía al convento de vacío. Se llevaba lo que fuera, aun sin poder, como las hormigas. («Sin poder, como llevan las hormigas el pan de su menudo laboreo», dijo Miguel, aquel pastor de cabras y de endecasílabos. Al fin y al cabo, todo es bueno para el convento, decía el fraile, y llevaba una puta al hombro.

Estos frailes de guardarropía, frailes de Cornejo y con bigote, no piden limosna a cambio de preces, sino que te acompañan en tus pasos por la tierra igual que una santa compaña de almas en pena o una procesión penitencial para pedirle al deudor que pague el débito, Es como si en vez de deudas, el moroso arrastrase una cuerda de ánimas del purgatorio con el hábito de estameña y el cordón, símbolo del cíngulo, atado sobre los riñones. Lo que no he llegado a saber es si estos frailes de bululú acompañan a la víctima entonando gorigoris y cantos funerales, fingiendo un entierro, lo cual pondría una nota macabra en la picaresca del cobrador. Cualquier cristiano paga lo que haya que pagar para que no le acompañen los frailes por la puñetera rúa cantándole «Dies irae». Si todavía no lo hacen así, ahí queda la idea.

El procedimiento. claro está, no deja de ser una falta de respeto al uniforme clásico del fraile, aunque ya se sabe que el hábito no hace al monje. Bien es verdad que los uniformes, todos, están muy desacreditados, y en los tiempos que corren, los frailes van vestidos con americana o con pullover, y en verano con guayabera o con lacostes. Si uno se topa por la calle con una punta de monjes de hábito, debe pensar que se trata del coro de «Las corsarias», con aquel fray Toca, «que el pobrecillo tiene bastante poca».

En mi tierra, en los años de la posguerra, ejercía un «cobrador del frac», que además lo llevaba verde, del color del paño de una mesa de billar, y el tío del frac acompañaba al moroso por la calle, se sentaba a su lado en el café y en el cine, entraba en las tabernas y en las tiendas, y se quedaba junto a él si se sentaba en los sillones de la puerta del casino. El cabrón del frac verde aguantaba todo lo que le echaran, insultos, palabrotas, escupitajos, amenazas y bastonazos. Iba embutido en su frac verde, y ahí se las dieran todas; aguantaba carros y carretas, como el político que se agarra al poder, y no hay fracaso ni crítica que lo despegue. El cabrón del frac, al final, cobraba. O sea, como los frailes.

Jaime CAMPMANY

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