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Diario El Mundo

 

Articulo 1


12 Sept.

Los monjes ‘antimoroso’ reclaman a Manzano una deuda de 50 millones

EDUARDO INDA

MADRID.- Mediodía de ayer, Plaza de la Villa. Un sacerdote se pregunta una y otra vez si son de pega o no los 20 monjes que han aposentado sus reales en la explanada de acceso al Ayuntamiento de Madrid.

No le cuadra que unos frailes se manifiesten en pleno centro de Madrid. Menos aún, que porten tan llamativas pancartas.

Sale de dudas al leer la descripción de las sábanas reivindicativas: «No venimos a pedir, venimos a cobrar», «Limpiezas Xendra: 300 familias arruinadas, ¿dónde está el dinero?».

Alvarez del Manzano tuvo que padecer en 1994 la constante presencia. a su lado del oso-antimoroo; Los funcionaríos no le perdonaron que incumpliera la promesa de una tercera paga. Llega el turno del monje antimoroso.

Un «moroso» llamado Ayuntamiento de Madrid

El edil dice que la Seguridad Social embargó la deuda reclamada

«Sí, efectivamente, son de pega», llega a la conclusión el desconfiado religioso con la rigidez propia que da el uso de un al¿acuellos.

Se trata, ni más ni menos, que de los componentes de una de las compañías de cobro de débitos que hace furor en España: el Monasterio del Cobro, con sede en Madrid, Sevilla y Murcia.

El moroso, más bien presunto moroso, se llama en esta ocasión Ayuntamiento de Madrid. No es usual que unos cobradores acosen a una administración, pero, llegado el caso, tampoco dudan en hacerlo.

Los 20 monjes no pararán hasta que el Ayuntamiento satisfaga una supuesta pella contraída con la compañía de limpiezas Xendra, que prestó sus servicios en varios colegios municipales hasta 1993.

El jefe de los monjes cobradores, Juan Antonio Mondéjar, explica los conceptos y el importe total que Xendra reclama a la Corporación capitalina: «Unos 300 millones, según una sentencia judicial del año pasado».

No queda ahí la demanda al moroso llamado Ayuntamiento. le exigen los intereses de demora cuatro años- y el pago por los perjuicios causados. Unos 500 millones. Por pedir que no quede.

E’ concejal de Hacienda, Pedro Bujidos, negó ayer las acusaciones de Xendra y sus monjes. «El planteamiento contable ha sido, como siempre, escrupuloso», explicó.

Los pagos a Xendra los íntervino la Seguridad Social: «Nosotros abonamos 137 millones, so más de lo que debíamos a Xendra. Los únicos morosos son ellos».

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Articulo 2



Cuatro monjes de El Monasterio del Cobro, ayer, asedian a un moroso, en Madrid.

DIARIO EL MUNDO

EL MONASTERIO DEL COBRO

Artículo publicado el viernes
26 de Julio de 1.996

TESTIGO DIRECTO

José María Zavala.

Un grupo de frailes con atuendos del siglo XVIII se encarga de cobrar a los morosos, siguiéndoles por la calle durante todo el día, si es necesario.

« No pedimos limosna, venimos a cobrar»

~ MADRID ~

Un monje con atuendo del siglo XVIII sale del ascensor de un edificio de la calle Serrano y llama a una puerta. Al otro lado, la mirilla se oscurece. «¿Señor Rodríguez Angulo?». Nadie contesta. Pero el monje sabe que el moroso le observa detrás de la puerta.

«Señor Rodríguez Angulo: antes pedía limosna, pero hoy vengo a cobrarle a usted la deuda que tiene». Dos vecinos de la planta se asoman al pasillo para ver lo que pasa. El fraile les da a cada uno una tarjeta de visita, informándoles de que en la vivienda de al lado vive un moroso. ¡Qué bochorno!

«El moroso acaba pagando», asegura Juan Antonio Mondéjar, el «abad» de El Monasterio del Cobro, una empresa con delegaciones en las principales ciudades de España. La sociedad tiene entre sus clientes a la actriz Silvia Tortosa y entre sus morosos al dueño del pub Arny de Sevilla, Carlos Saldaña, o al abogado de Ana García Obregón, Javier Saavedra.

Todos los jueves, en el cuartel general de El Monasterio del Cobro se celebra una reunión trascendental. Ese día, la plana mayor de la empresa examina exhaustivamente su lista de morosos. Comprueba la situación económica de cada uno, si tienen vivienda propia o coche. Es decir, si pueden pagar su deuda en efectivo o liquidarla entregando bienes a cambio.

«Aquí aceptamos todo tipo de mercancías para hacer frente a la deuda. Hemos recogido coches, dos esmeraldas de dieciséis quilates, un camión de cabras, y hasta un caballo purasangre», explica Mondéjar.

En la reunión de los jueves se decide quiénes son los desdichados que caerán rendidos ante el «plan 24-H». Se trata de la gran prueba de la paciencia y el bochorno. Un examen que muy pocos morosos logran superar.

El «Plan 24-H» es tortuoso. Las instrucciones que reciben los monjes, a través de su teléfono portátil, son rotundas: «¡Sigan al moroso durante todo el día!».

«Nos convertimos en su sombra», afirma Mondéjar. Si va a tomar una copa con sus amigos, los frailes le acompañan y le recuerdan que debe pagar su deuda. De modo que los amigos se enteran, lo mismo que los vecinos. Todo el mundo se entera de que aquel hombre no paga.

Para convertirse en víctima del «Plan 24-H» es necesario cumplir al menos un requisito: deber más de dos millones de pesetas. Durante el día, los monjes le siguen a todas partes en un Mercedes que pasa más tiempo en el taller que en la calle. Un vehículo que tiene cuarenta años y al que acaban de repararle la junta de culatas. El Monasterio del Cobro es la versión moderna de El Cobrador del Frac. Cambiar el frac por los hábitos le está dando buen resultado a esta empresa, que gestiona el cobro a unos 5.000 clientes, que suman una deuda total de 1.500 millones de pesetas. El Monasterio del Cobro se lleva entre el 15 y 30% del dinero que consigue recuperar. Empezó a operar en Madrid y ha inaugurado ahora una delegación en Sevilla. «Queríamos comprobar si había alguna reacción de la Iglesia en esa ciudad con tanta tradición religiosa, pero no ha habido ninguna», señala Nicolas Salmerón, gerente de la empresa.

Para ser monje, aunque sea una contradicción, no hay que tener piedad. «No puedes tener pena de nadie. Debes cobrar», asevera Mondéjar. «Ser gestor de cobros quizás sea la profesión más bonita del mundo», asegura.

A veces, los monjes tienen que hacer una auténtica labor detectivesca para encontrar a un moroso que se esfuma sin pagar. Es el caso, por ejemplo, de una prostituta que dejó una deuda de más de un millón de pesetas al propietario de un inmueble que alquilaba para recibir a sus clientes. «Ya la hemos localizado. Pagará», asegura el «abad» del monasterio.

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