CRÓNICAS DE UNA CRISIS/3 |
UN DIA DE MONJE DEL COBRO |
| Solo el negocio de saldar deudas sube en España, el periodista se transforma en cobrador |
| MARTIN MUCHA |
Siiiiiiiiií? ¿Quién es?- dice, con acento extranjero y timbre dulce, una chica cuyo rostro desconozco. Sólo sé que su padre, un empresario ruso, debe 5.450 euros. Es uno de los cientos de miles de morosos que hay en España -las deudas sin pagar superan los 22.762 millones de euros, un incremento de más del 120% en un año-. Su aumento va en la misma línea del desempleo [que esta semana ya contabilizó al parado tres millones]. A cobrar. -Vengo a dejar documentos urgentes -dice Juan José de Diego [pelo engominado, 43 años], con voz amable y sin mentir. Los papeles son los pagarés que avalan el reclamo. Lo acompaño como asistente en un cobro difícil. Estamos vestidos como monjes. La hija del moroso abre la puerta del portal. De Diego la cruza con pausa, con paso monacal. -No hay que asustarse. Esto no es fácil -advierte antes de subir. Conforme cogemos el ascensor, su expresión facial se transforma.El hombre cordial, de mirada afable, muta lentamente. Su gesto se torna firme. El rictus en la boca es el de un soldado que va en pos de alcanzar una misión. La actitud que exigía el sargento Hartman a sus soldados en Full Metal Jacket [La Chaqueta Metálica, Stanley Kubrick]. Desde el pasillo que atravesamos para llegar a la puerta del piso, se escuchan las olas destrozándose contra la orilla. El edificio es una construcción años 70, suntuosa y sobria, en Mijas Costa, Málaga. De Diego toca el timbre. Es de esos que suenan a chirrido. Las facciones dulces de la niña rusa se transforman al ver a dos individuos vestidos con hábitos marrones. ¿Cobraremos? RECORD. La rapidez del crecimiento de la morosidad no tiene precedentes en España. En 12 meses, por ejemplo, los impagos de los créditos hipotecarios se han triplicado, según la Asociación Nacional de Establecimientos Financieros. Los de tarjetas de crédito y préstamos personales han aumentado más del 50%. La curva ascendente es la de un misil Patriot que acaba de despegar. De Diego tiene mucho trabajo. «La vida es así. Un deudor, un cobrador». La reflexión del monje es translúcida, se le ven hasta las vísceras. Lleva más de 16 años cobrando morosos. Reconoce [reconozco] que hay que tener un aura especial para este trabajo, el único que ha crecido con la crisis. PROFESIONAL DEL COBRO. Juan José de Diego trabaja para una de las empresas más importantes del sector: el Monasterio del Cobro.En su rubro, el empleo crece como la espuma. La plantilla de uno de sus rivales -el Cobrador del Frac- ha pasado de 340 a más de 500 en semanas. Sus clientes han aumentado exponencialmente [en zonas como Bilbao, se ha triplicado la demanda]. ¿Es difícil ser cobrador? La comparación puede sonar a herejía. Se necesita la misma vocación que para ocupar un cargo eclesiástico. De Diego no es un tipo cualquiera. Pocos podrían acudir a cobrar una deuda y citar a Roa Bastos -Yo el supremo, como oración- antes de empezar su obra. «Ordeno que al acaecer mi muerte mi cadáver sea decapitado (…) Todos mis servidores civiles y militares sufrirán pena de horca. Sus cadáveres serán enterrados en potreros de extramuros sin cruz…», recita sin tomar aliento, sin error, al son de la brisa marina, mientras caminamos en busca del moroso [cabe señalar que en la novela del escritor paraguayo se menciona dos veces el pago de deudas económicas]. El cobrador auténtico es un ser que entiende la naturaleza humana.De sus debilidades y sus dudas. Cobrar una deuda es un ejercicio de psicoanálisis. Una pelea de boxeo sin golpes. Un ring sin límites. «Una mirada y una palabra dicha en el momento oportuno pueden ser la clave para cobrar. ¿Me comprendes?», indaga. A decir verdad, no le entendí hasta que nos plantamos delante de Vladimir [nombre ficticio, hasta los morosos tienen derechos].Su metro noventa y sus ojos color turquesa, muy similares a los de los perros siberianos, invitan a la escapada. Dasha, su hija [ídem] abre la puerta y espera Vladimir a sus espaldas. Ella se retira y da paso al cobrador. Medir 15 centímetros menos que el ruso no le intimida. Le mira a los ojos y le dice: -¿Cuándo va a pagar usted, Vladimir? -El deudor da un paso atrás.No es la frase. Es el tono, lo que intimida. La intensidad en que se sueltan los términos. Nunca de tú, siempre de usted [esta regla es fundamental para mantener la distancia y el respeto].El pecador es el otro. -La crisis es para todos. No tengo para pagar -argumenta el moroso Vladimir. -¿No tiene? Les veo bien vestidos. Ayer comieron en un buen restaurante. Se acaban de mudar a este piso… -lo repasa con la vista. Ni siquiera el grisáceo cielo afea el panorama. El horizonte marino -se ve desde el gran ventanal del salón- es una línea difusa. Como la posibilidad de cobrar su deuda. Vladimir me mira, por instantes, como se observa al acólito insignificante que acompaña al Obispo. Su rival es De Diego y lo sabe. Dasha se escuda en mí para contraatacar. En esta guerra de trincheras soy el eslabón débil [novato, peinado new age, el antebrazo de su padre es del ancho de mis muslos]. Antes, ella no intimidaba.Era una chica de cabello rubio, 22 años, rostro que es un mix entre una barbie y una matrioska. El monje mayor contraataca. -¿Hace esto mismo en Rusia, Vladimir? -Dasha le mira y responde por su padre. -No. Esto lo descubrimos aquí. Aprendemos muy rápido, eso lo sabes tú -suelta con una sonrisa, esbozada como media verónica. -No me tutee. No he ido a comer con usted jamás. ¡Por favor! Da en el blanco. En este juego de tácticas verbales, el cobrador vence con detalles como éste. Sabe que no debe tratar a todos los deudores igual. Es el uppercut que puede definir la pelea. TIPOLOGIA DEL MOROSO. Según Intrum Justitia -la central de cobros más importante del país- hay siete clases de morosos. El nómada: cambian de vivienda habitualmente y viajan mucho [es el perfil más habitual, el 21% del total]. El insolvente: los que no pueden pagar porque han quebrado [18%]. Los sinceros: los que desean pagar, pero pasan por una mala racha [16%]. Los relajados [14%] no conocen sus deudas realmente. Los electrones libres [12%] seleccionan qué pagan y qué no. Los anónimos [9%] fueron captados por internet o por teléfono. Completan la lista los expertos o aquéllos que saben todas las triquiñuelas [12%]. Vladimir parece ser un nómada o un experto. O ambos. Su hija coge el móvil y aprieta las teclas, apuñalándolas con sus uñas de rojo intenso. El abogado al habla. No se le escucha pero se intuyen sus respuestas. -Han venido a mi casa estos monjes cobradores. -… -Sí, les he abierto la puerta y han pasado. Lo hice para que no los vieran los vecinos. ¿Los puedo demandar por acoso? -… -¿Que no puedo hacerlo? ¿Por qué? -… -Los veo por todas partes. Vienen a mi casa, a la obra, ayer nos arruinaron un negocio. Me los encuentro en los restaurantes.¡Me acabo de mudar y ya están aquí! -… -¿No puedes hacer nada? Por la tarde me paso por el despacho. Cuelga. Dos lecciones. Si ser moroso no es un delito, cobrarle con este método, tampoco. Varias resoluciones han declarado que la técnica que ellos utilizan no vulnera la Ley Orgánica de Protección del Derecho a la Intimidad y el Honor. El abogado de Dasha lo sabe y no se quiere meter en pleitos perdidos de antemano. Sin embargo, la delincuencia también ha querido tomar parte de este negocio que factura más de 200 millones de euros. Una red mafiosa de porteros de discoteca montó una red de cobro de morosos.Dinero en negro y una comisión del 50% [las empresas legales obtienen entre el 20 y el 40%, dependiendo de la dificultad].Su método: desnudaban a los deudores y amenazaban con violarles.A principios de noviembre fueron capturados en Castelldefels. TANTEO. Durante la charla entre abogado y clienta, Vladimir y De Diego se miraron a los ojos en su batalla personal. «Es hombre de pelea de tejado, que tira con cuanto topa en sus accesos de furia»… así describiría Roa Bastos al ruso. Pero Vladimir estaba perplejo ante el aspecto sereno del monje. Esperando el resultado de las gestiones de su hija. -Tiene para pagar un abogado y no para pagar a mi cliente. No siga gastando dinero que no es suyo, Vladimir -argumenta De Diego. Dasha se gira teniendo por eje sus tacones pequeños. Se acerca y se abotona su chaleco negro de piel. Finge una ligera tos. -¿Cuánto debemos? De Diego enseña los pagarés [cuidándolos siempre]. Ella confirma la cifra con un gesto. -Mil ahora y el resto en dos meses. -tantea. -Tres mil y el resto en una semana. -No podemos. -Entonces nos vamos y esperamos afuera en la puerta. El tiempo es muy lento de tan apurado que anda, barajando hechos, traspapelando cosas [Roa Bastos dixit]. Mientras esperamos su respuesta, los minutos pasan así: entre la tensión y la posibilidad del no pago [tres de cada 10 no lo hacen]. De Diego lleva 75 días intentando cobrar y -aunque no lo parezca- está cansado.Les repasa sus propiedades en voz alta [tienen centrales de información que son casi servicios de inteligencia]. «Dos coches de alta gama, un terreno cerca de Marbella, un piso de seis habitaciones a 50 metros de la milla de oro…» y su nuevo refugio, el que acabamos de descubrir. La conversación se retoma y se hace repetitiva. Los argumentos de los deudores se hacen monótonos. Pasan de la pena a la discordia.Del desprecio a la súplica. -A nosotros también nos deben- dice Vladimir. -Ustedes hacen un buen trabajo. ¿Por qué no le contratamos y nos ayuda? -añade Dasha. El soborno es una táctica cotidiana. -Primero tienen que liquidar su deuda. Después la empresa decide. Se retoma el tanteo. -Dos mil ahora y el resto en un mes. -La mitad ahora y el resto en dos semanas. -Hay trato. Ella coge un talonario y firma un pagaré. De Diego no acepta. -Un cheque con fecha de mañana y otro a pagar en dos semanas. Maldice en su idioma natal. Mira a su padre, quien se ha alejado a mirar un telediario ruso donde informan de la caída de la bolsa y de una nueva peripecia del presidente Dmitri Medvédev. Tiene un ginger ale en la mano. Los hielos se derriten demasiado rápido. -¡Papá, firma! Vladimir se acerca y rubrica el acuerdo. -¿Me darás un recibo? -Por supuesto, cuando verifique que estos talones tienen fondos. La despedida es cordial. Demasiado cordial. La supervisión de la operación es potestad de De Diego. Salimos y, cuando estamos a punto de quitarnos el traje, le pido que revise los cheques.Después del excesivo tanteo, la salida fue sospechosamente fácil. Nos habían engañado. En el monto total de los cheques faltaban 1.000 euros. Media vuelta. A cobrar de nuevo. El telefonillo. Las escaleras.El timbre. La negociación es más corta. La treta les salió mal.Firman un nuevo cheque. La despedida cambia. Se burlan de nuestro atuendo. Ya no hay deuda, el orgullo reaparece. -Este domingo no iré a misa -dice Vladimir. Ha cambiado su semblante, de lánguido al de triunfador. -La última vez que nos vemos, sumos pontífices. -concluye Dasha.Para completar la burla sólo les falta rezar las últimas líneas del Padre Nuestro [el viejo], una plegaria pertinente como nunca [«perdónanos nuestras deudas/ así como nosotros perdonamos a nuestros deudores,/ y no nos dejes caer en la tentación,/ mas líbranos del mal./ Amén»]. Lanza la puerta contra el marco. Al día siguiente De Diego va a cobrar el cheque. El cajero verifica las firmas. El monje cobrador, el que cita a Roa Bastos antes de comenzar su labor, ha vuelto a triunfar en su lid particular. SUELDO. Un gestor de cobros con su talento recupera, al menos, 50.000 euros al mes. De Diego no es mileurista: gana entre 3.500 y 4.000 euros cada 30 días. Durante las visitas viajamos en un coche viejo con un autorradio comprado en un mercadillo. Cuando se quita el hábito conduce un descapotable. El pelo engominado no se agita. El cobrador ha viajado por el mundo. Conoce América casi entera… -¿Por qué cita a Roa Bastos, Juan José? -Porque le conocí en un viaje a Buenos Aires en 1992. Nos hicimos amigos. Me hablaba de la guerra del Chaco, de la resistencia de un país… -¿Le contó a qué se dedicaba? -No… APOYOS LA MOROSIDAD SIN FRENO La morosidad supera los 22.000 millones de euros. l Ha crecido un 120% en un año. l En 2006, las deudas de los morosos rondaban los 7.500 millones de euros. l Los recibos sin pagar en el caso de los créditos hipotecarios se han triplicado en los últimos 12 meses. l La plantillas de las empresas de cobro como El Monasterio del Cobro o el Cobrador del Frac han aumentado casi un 100% l Las operaciones morosas de los españoles tienen de media 2.932 euros. l La de los inmigrantes, 2.554 euros. l Tres de cada diez operaciones de cobro fracasan. MONJE MAYOR Y ACOLITO. De Diego -jefe de la delegación del Monasterio del Cobro en Málaga- junto al autor de este reportaje. Van en camino al cobro de un moroso. Se logró saldar una deuda de 5.450 euros a un empresario ruso de la construcción tras un mes y medio de trabajo.
Enlace a el artículo de EL MUNDO |